Hacia un humanismo americano

Lima.
Librería Editorial Juan Mejía Baca.
1ra. Edición.
1966.


NOTA PROLOGAL
 
Antenor Orrego (1892-1960) es una personalidad singular en el proceso espiritual de América. Antes que su experiencia -larga y dolorosa-, una certera intuición sobre el destino del Continente lo lleva en busca de los factores que, integrados, permitirán delinear una fisonomía propia, determinante en cualquier concepción universalista. El hecho estético es el primero que analiza y en él da las primeras muestras de una manera nueva y de una posición intelectual distinta. Los memorables prólogos a los libros de poemas de Vallejo y Spelucín, donde "el que más ardientemente ama es el que mejor comprende", se alejan de la crítica formal para calar en lo hondo de mensajes poéticos que, en ese entonces, necesitaron de esa voz casi profética para que el contenido espiritual que ellos traían se abriera paso entre los cerrados convencionalismos de una retórica que se negaba a morir. Fue algo más allá el pensamiento de Orrego. Esas voces, y muchas otras, para él, eran expresiones más que individuales, del sentimiento de todo un pueblo. Su estética, así, toma otro rumbo, pero hacia adentro, hacia la raíz/hacia los primeros elemen­tos en el instante en que abandonaron el caos para tomar formas perdu­rables. El apoyo humano que da a los integrantes del llamado "grupo de Trujillo", no es ajeno a la concepción estética de Orrego, que es parte de un todo, de una conciencia nueva que acaso no llegó a plasmar en una teoría filosófica porque la vida regateó a la meditación y las manos quedaron en ademán ya próximo de asir el ideal.
 
Demasiado consciente de la inmensidad de su tarea, desarrolló una obra múltiple y fecunda. Abrió caminos y sembró con generosidad. La cátedra, el libro y la revista dan testimonios de una labor humanista donde lo filosófico y lo ético jamás entraron en contradicción y se mantuvieron a la altura del diálogo y por encima de los dogmatismos.
 
Porque no se creyó dueño de la verdad estuvo muy cerca de ella. Y si ésta es inaccesible, Antenor Orrego llegó al punto más próximo. Cualesquiera de sus páginas, aún aquellas que el tiempo ha envejecido, se tornan aleccionadoras y son permanente ejemplo de sinceridad, de esfuerzo, de fe y de consecuencia para consigo mismo.
 
La Librería Editorial Juan Mejía Baca entrega al público lector esta obra inédita de Antenor Orrego que obliga a meditar sobre el hombre americano y su destino. "El destino de América, -escribe Orrego-, es resolver, en una superior unidad humana, la cuita angustiosa, la encruci­jada trágica en que ha desembocado el mundo contemporáneo, y ser ella misma una continuidad y la continuidad del mundo".
 
Lima, 1966