Notas marginales

(Aforísticas).
Trujillo.
Tipografía Olaya.
1922.


INTRODUCCIÓN

 
El mayor problema, el de mayor prestancia, el problema sintetizador por excelencia es el conocimiento de la vida. Puede decirse que la vida, con respecto al hombre, vive para hacer conciencia la vida, para sorprender el secreto de sí misma. Según entiendo, hay dos caminos para intentar llegar a ello. El camino de la ciencia pura, el del rigorismo experimental que comprueba y analiza el hecho y el camino de la intuición, el de la revelación, cuyo único campo e instrumento es el espíritu mismo del hombre, hacia el cual converge, como centro, la milagrosa unidad universal, la multiplicidad organizada de la sustancia eterna. Mi destino individual, la conformación o estructura de mis posi¬bilidades: la organización de mi conocimiento me señalan el segundo camino. Esto creo con humildad y con orgullo, a la vez, y sigo la ruta que yo no me he señalado, sino que se me ha señalado, no sin dejar de creer en la posibilidad de equivocarme.
 
Mi estética, es decir, mi expresión personal, tiene como leit motiv que la preside, la coordinación de los cuatro costados del hombre con los cuatro costados del universo; la centralización de la multiplicidad vital cósmica en el corazón humano y la dispersión del corazón del hombre en la armoniosa multiplicidad del universo. Ancha empresa para tan flacas y mezquinas posibilidades: de allí mi humildad, mi seriedad y mi unción. Alta empresa en sí misma y excelsos los fines adscritos a ella: de allí mi orgullo, que es el orgullo genérico del hombre.
 
El hombre, poema de Dios, corporización carnal de la canción eterna, canta, en sí mismo, en su destino y en los fines de su ser, la armoniosa unidad múltiple del universo. ¡Oh música carnal eterna eleva cada día más el diapasón de tu poema!...